Antonio Jiménez Gómez
Donald Trump se ha convertido no sólo en un fenómeno mediático y electoral durante los últimos meses. Ahora, su posibilidad de convertirse en el presidente de Estados Unidos pareciera estar cada vez más cerca.
Trump, a pesar de sus millones y su carrera como emblemático empresario norteamericano, resultó ser más hábil que muchos de sus oponentes y, contrario a la cultura tradicional de la política en ese país, se ha convertido en el candidato populista, un populismo muy a la gringa.
La Real Academia de la Lengua Española define al populismo como la tendencia política que pretende atraerse a las clases populares. Y es precisamente lo que ha estado haciendo Trump y lo que lo ubica prácticamente como uno de los dos quo buscarán ocupar la oficina oval en la Casa Blanca.
La tendencia americana indica que el candidato populista se vende mejor de dls maneras: si su situación no es ganadora, asume una actitud de víctima de todas las argucias y mañas del grupo en el poder. Su perfil se identifica con todos aquellos que se encuentran marginados por el sistema y se identifican a tal grado que en México durante los últimos 30 años un solo partido político ha postulado solo a dos personajes como candidato a la presidencia.
La otra cara del candidato populista es la del ganador, que sabiendo su ventaja y empatía con la gente, se camuflaje a como ciudadano normal y comienza a ofrecer, a prometer todo lo que le piden con tal de afianzar su presencia en el top of mind de los sectores con mayores posibilidades de acudir a las urnas.
Pero Trump ha sabido abrir una tercera tendencia: la del odio. Sus conceptos de campaña parecieran una reedición de la Doctrina Monroe, esa que planteaba en esencia que América era para los americanos. Sus líneas discursivas están orientadas a un creciente sector de la población que tiene capacidad económica y toma decisiones, y que alberga de manera explícita o implícita un odio, rencor o frustración hacia las minorías poblacionales no caucásicas.
En Europa, durante los últimos años, se ha registrado lo que para algunos especialistas es un preocupante avance de la ultraderecha lo que ha coincidido con un fenómeno inédito de migración y de ataques violentos, muchos mortales, en contra de quienes han huido de sus países.
Las condiciones en que se desarrolla la campaña de Trump indican una tendencia a reproducir el modelo de recuperación de la ultraderecha europea. Finalmente, el empresario está acostumbrado a copiar, piratear y hacer lo que tenga que hacer para ganar dinero, posiciones o prestigio. Es lo que sabe hacer y es lo que no supieron leer con la debida anticipación sus contrincantes al interior del partido que representa y los de enfrente.
Y eso, sin ánimo de exagerar, podría tener consecuencias globales.