REFORMA PENAL: EL FRACASO EN LA CONSTRUCCIÓN DE MARCA


Antonio Jiménez Gómez

 

Construir la imagen de una marca es una situación cada vez más compleja en la sociedad globalizada de nuestros días. Pero lo es más cuando se trata de una marca vinculada con un proyecto de interés guberamental.

La desconfianza de la sociedad en las instituciones hace que cuando se trata de una campaña que no se vincula con productos comerciales enfrente aún más dificultades. No solo se trata de escasos presupuestos, equipos pequeños de trabajo o asuntos sin pegue social. Es el rechazo automático.

Y se puede tratar de aspectos fundamentales para la vida de un país. Un ejemplo preocupante de ello es lo relativo a la reforma penal que implica un cambio de paradigma en cómo se ejerce el Derecho en México.

Estamos a propiamente cuatro meses de que se cumpla el plazo para que opere totalmente, en todo el país, el Nuevo Sistema Penal Acusatorio, que implicará la implementación de mecanismos de mediación para la solución de conflictos y ubica como último recurso la realización de juicios orales.

Han transcurrido siete años y ocho meses desde que se aprobó esa reforma, la más profunda en el último siglo en nuestro país, y prácticamente nadie la conoce. Y pareciera que el más interesado en que se conozca, que es el gobierno federal, le sigue regateando el apoyo a dicha reforma.

El Nuevo Sistema de Justicia Penal, a partir de lo que ya se empieza a ver en algunos estados del país, está trayendo más beneficios que problemas a un sistema que está atrofiado por la carga de trabajo, por la corrupción, por cárceles sobre pobladas y una gran cantidad de reos en espera de sentencia, o condenados por el simple hecho de ser pobres o ignorantes de la ley.

Pero de qué va servir que durante los últimos años se haya gastado miles de millones de pesos en infraestructura y capacitación, si la gente, la población no sabe que existe una nueva forma de aplicar justicia.

Lo cierto es que la mejor de las ideas, la mejor de las acciones, si no se difunde es como si no existiera. Y el problema no es menor. Los propios abogados, los policías municipales, los responsables de integrar las investigaciones aún desconocen las particularidades de la reforma penal. E, insisto, la población está en una situación peor.

Por ello, el fracaso en la construcción de una marca social puede significar el fracaso también de un gobierno, de un estado. De nada sirve que se trabaje todos los días, que se ponga orden en una administración pública o se tenga la urgencia de prevenir a la sociedad, cuando la burocracia impide que se comunique y se haga bien.

Las áreas responsables de comunicar en los gobiernos generalmente llegan tarde y llegan mal. No son capaces de conocer lo que la gente ve y siente para construir los contenidos eficientes y claros para informar lo que se hace.

Son tres los aspectos que todo gobierno, programa o acción destinado a la sociedad debe cumplir para de ahí arrancar a la construcción de una marca:

1.- Informar que existe. Lo primero y fundamental es decir que el gobierno, programa o acción existe. Se debe hacer de manera oportuna y por los canales adecuados. No se puede mandar desplegados de periódicos donde hay alto índice de analfabetismo o basarse en redes sociales donde hay poco uso de internet.

2.- Informar que se trabaja. Implica la generación de contenidos específicos para cada canal de comunicación. No puedes hablarle a tu audiencia igual en Facebook que en Twitter, o en radio que en prensa. Lenguaje sencillo, directo, como lo usa la gente y no como lo usan los encumbrados del poder.

3.- Informar que eso le sirve a la gente. Lo fundamental es que eso que existe y que se trabaja influye de una u otra manera a la sociedad. Y lo esencial es que debe ser para bien. Eso es lo que se debe comunicar. No la imagen del hombre o muer de poder, no cifras que pocos entienden o imaginan. Es decirle a la gente para qué le sirve en términos reales un gobierno, un programa o una acción.

Pareciera fácil pero tan no lo es que casi nadie lo sabe. Y los proyectos fallan porque finalmente los políticos, los hombres del poder tienen una visión de la sociedad muchas veces no muy adaptada a la realidad y las empresas de marketing no se arriesgan a generar campañas de este tipo porque no lucen igual que si logran posicionar a la mejor lavadora o el mejor refresco.

No solo se trata de ganar votos. Se trata de mantenerse en la opinión pública, de demostrar que se pueden lograr los cambios comunicando la acción y los proyectos de forma oportuna y eficiente.

Correo electrónico: ajimenez@jimenezperea.com

 

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