Las crisis en empresas automovilísticas.

Antonio Jiménez Gómez

Cuando se hacen las cosas mal, tarde o temprano se sabe la verdad. Y esto provoca crisis cuyo valor se puede medir en miles de millones y en desprestigio total.

Aí le ocurrió a Volkswagen, empresa alemana que durante décadas ha sido sinónimo de excelencia en la construcción de autos.

Hace unas semana, trascendió que instaló un software para manipular los resultados de emisiones contaminantes en 11 millones de autos con motor a diesel. Recientemente, se descubrió que las anomalías implican a una mayor cantidad de automotores.

Esto implicó una de las crisis de marca más impresionantes y de mayores consecuencias de los últimos años, ya que no sólo representó la caída de las acciones de la empresa y todo lo que representará reparar los automóviles afectados, sino también está afectando a todo el mercado automotriz.

Cherokee

Otro caso que revela la fragilidad de las marcas cuando alguien no piensa en que cosas malas pueden pasar fue lo que le ocurrió a la constructora de camionetas Cherokee.

Aquí, se desató la polémica luego de que hackers demostraron que podían controlar este tipo de vehículos a distancia utilizando únicamente una laptop.

Este hecho encendió las alertas porque colocó en situación de riesgo a prácticamente todos los propietarios de ese tipo de vehículos, en tanto que evidencia la vulnerabilidad que implican la inclusión de sistemas informáticos en todos los ámbitos de la vida cotidiana.

Las enseñanzas que dejan ambos casos son concretos: no importa que tan buena sea la marca, que tan seguros sean sus procedimientos; siempre se puede romper el hilo y las consecuencias son mayores cuando existe la suposición de que nada malo puede pasar.

Históricamente está probado que las suposiciones son la madre de todas las desgracias.