Antonio Jiménez Gómez
Uno de los principales retos
del desarrollo organizacional es la tendencia a la incorporación de una relativamente
nueva forma de operar por parte de las empresas: el trabajo en casa o “Home
Office”.
La incorporacion de la
tecnología a los procesos de una organización, así como la diversificación de
los mismos, permite que se generen las condiciones para que los actores puedan
estar en un espacio diferente al que ocupa la propia organización y a partir de
ahí cumplir con su rol.
Recientemente se dio a conocer
un estudio en el que se detallan las ventajas de trabajar en el hogar, como una
forma de estimular a los empleados y generar ahorros para las empresas y para
los propios trabajadores.
¿Pero está preparada la
sociedad mexicana para ese tipo de modelo organizacional?
De acuerdo al estudio de
referencia, el Home Office permitiría mejorar el balance de vida de los
empleados, pues ahorrarían 3 mil 500 pesos al año en transportación y un
promedio de cinco días en tiempo con motivo de traslados.
Que los empleados trabajen en
su casa le ayudaría a una empresa a ganar hasta 740 mil pesos al año en
productividad.
Las cifras son convincentes en
primera vista, pero por lo menos en México aún se enfrentan algunos retos en
materia de cultura laboral, aunque se enfoquen en sectores muy específicos que
no necesariamente hayan incorporado totalmente o en gran medida las nuevas
tecnologías a su desempeño.
Incluso, es precisamente la
incorporación de nuevas tecnologías uno de los retos del sistema productivo
mexicano, debido a la incapacidad financiera, organizacional o la propia
resistencia de los actores para entrar a esa dinámica.
Pero la reflexión sobre este
modelo de trabajo va más allá, porque se está vinculando al rol productivo del
actor con su rol familiar, uno de los aspectos de la vida que mayor atención
requiere y mayor desatención posiblemente enfrenta, lo que es perceptible por
el nivel de descomposición social que prevalece en amplias regiones del país.
Al final del análisis, es
válido plantear que el nivel de profesionalismo del actor y la actividad
específica que desarrolle dentro de la empresa serán fundamentales para
determinar si es viable y conveniente para ambos, actor-empresa, que se labore
desde el hogar del primero.
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