Antonio Jiménez Gómez
En un contexto cada vez más globalizado
y de mayor competencia, las organizaciones empresariales deben enfrentar una
mayor cantidad y diversidad de variables que ponen en riesgo su capacidad de
adaptarse al entorno en el que se insertan, e incluso significan un riesgo para
la existencia de uno o más elementos de su estructura, o para la organización
misma.
En buena medida, la historia de la economía
es la historia de las organizaciones empresariales: las unidades productivas
son un microcosmos que refleja la realidad por la que atraviesa una sociedad.
Como cualquier otra actividad que se desarrolla en el Sistema Social, la
empresarial tiene un objetivo económico que se ubica como punto central de su
evolución. En el proceso de producción de bienes, se definieron y consolidaron
las funciones sociales de la organización empresarial, generando modos de
intercambio de bienes con base en determinados criterios de valor.
Toda organización empresarial supone la
conjunción de dos tipos de colaboración: la económica, que hace referencia al
concepto y funcionamiento de la empresa que engloba al capital y a los actores
que lo administran; y la propiamente organizacional, que se remite a los
procesos de planeación, administración, control y evaluación que permiten
garantizar su existencia en los términos de la totalidad.
La falta de planeación o
deficiencia de la misma, la inexistencia de manuales de procedimientos que
orillan a la improvisación en la toma de decisiones, y la propia complejidad
del Sistema Social, provocan que, según cifras oficiales, en promedio el 75 por
ciento de las organizaciones que se crean con el propósito de generar riqueza,
quiebren antes del primer año de operación.
En JP nos preocupa el destino de las organizaciones empresariales. Por eso, hemos diseñado protocolos y programas para la potenciación de las capacidades y fortalezas de las Mipymes.
Porque al ganar las empresas, ganamos todos.
En JP te damos soluciones para que tomes las mejores decisiones.
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