La construcción de una marca gubernamental.

Antonio Jiménez Gómez

Primera de dos partes.

Uno de los principales retos que existen actualmente es la comunicación gubernamental. Los escándalos de corrupción, la cultura de la no transparencia, la desconfianza en las autoridades son factores que afectan de origen a cualquier institución pública.

Durante las últimas semanas, el equipo JP ha realizado el análisis del perfil institucional de varias organizaciones gubernamentales en el estado mexicano de Guerrero. El solo contexto geográfico agrega más variables de conflicto a la pretención de una estrategia de comunicación institucional.

Ya en ocasiones anteriores, habíamos aportado conocimientos y experiencias en proyectos de construcción de marcas institucionales; algunos de esos esfuerzos fueron exitosos y lograron ubicar a nuestros clientes en un buen nicho en el mercado nacional.

Pero ahora llama la atención de un caso en el que la institución de referencia enfrenta un descrédito adicional por la propia naturaleza de las atribuciones que la ley le confiere.

Asimismo, viene de un proceso de cambio de identidad que no ha permeado en los diferentes niveles de la organización y está inmerso en un proceso externo de cambio de paradigma en cuanto a los procesos básicos que realiza.

Y es entonces donde empezamos con la construcción de la estrategia. Con todo contra corriente y con el factor tiempo también reducido, la pregunta de origen es cómo construir una marca gubernamental que logre recuperar algo de credibilidad y confianza de la ciudadanía, al tiempo que también se integra a un proceso de reconversión del paradigma en el que se ubica su desempeño institucional.

El protocolo de operación para este tipo de casos, indica que se debe empezar el esquema de la estrategia con un razonamiento básico: ¿para qué le sirve la organización gubernamental de referencia a la sociedad?

Por increíble que parezca, muchos titulares de organizaciones públicas no saben responder a este sencillo cuestionamiento. Y ello deriva de que en los niveles de ejercicio del poder la visión integral del Sistema Social se limita y deja de lado fragmentos fundamentales del desempeño interno y su relación con el contexto en que se inserta dicha organización.

De nada sirve tener recursos financieros, materiales y humanos dispuestos al desarrollo de una estrategia de imagen gubernamental, si ni siquiera se tiene claro qué se es y para qué sirve la institución de referencia.

En un segundo lugar, viene la identidad institucional. Aunque parezca increíble, aún son muchas las organizaciones gubernamentales que carecen de una Misión, Visión y Valores definidos.

La cultura organizacional es endeble y está condicionada por una actitud aparentemente generalizada de sus actores de a menor esfuerzo igual pago. Ese aspecto es qui´za una de las mayores quejas de una sociedad cada vez más exigente y compleja respecto de las instituciones de gobierno.

Definir los elementos descritos anteriormente  y que se concentran en la pregunta general: ¿para qué le sirvo a la sociedad? constituyen los cimientos para la construcción de nuestra estrategia de imagen de una institución gubernamental, que permita posicionarla en un status menos desfavorable entre los segmentos de audiencia que más se involucren con ella.


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