El fracaso de la comunicación electoral

Antonio Jiménez Gomez 

La configuración de las fuerzas políticas tras los comicios del 7 de junio y los propios resultados electorales reflejan el fracaso de las "estrategias" de comunicación que desplegaron los más diversos actores durante el proceso de campaña.

Si una de las características de los mensajes de las campañas electorales fue la pobreza de contenidos, marcado por la ausencia de propuestas, el abaratamiento del uso del lenguaje y la larga lista de acusaciones y reproches, los resultados del 7 de junio añaden algunas variables.

Primero. Los políticos tradicionales y sus séquitos no saben manejar redes sociales. Intentan aplicar el esquema de la repetición permanente de contenidos superficiales como sí fuera radio o televisión.

Segundo. Una millonaria inversión en medios tradicionales no implica un incremento proporcional de las preferencias del electorado y mucho menos de votos efectivos.

Tercero. El uso de expresiones coloquiales como ocurrió en el caso del Panal, tampoco genera un nexo con la audiencia que se traduzca en votos. Pareciera que ocurrió lo contrario.

Cuarto. La conciencia de la realidad se impone a las campañas mediáticas. La mejor prueba ocurrió en el Distrito Federal, donde por más que se optó por difundir los logros de un partido político, los resultados le fueron totalmente adversos.

Los resultados electorales del 7 de junio motivan un análisis detallado para los comunicadores y consultores políticos. No se trata de un tema menor. La sociedad evoluciona, las leyes también. No se puede pretender seguir ejerciendo la comunicación política con las mismas deficiencias y vicios de hace dos décadas.