Imagine usted a una compañía o a un gobierno, de los más sólidos que puedan existir: altos niveles de eficiencia, experiencia, resultados, cuenta con expertos directivos, ejecutivos y asesores, certificación de calidad, reconocimiento público y trayectoria intachable.
Una tarde de domingo ocurre un accidente: una explosiónen las instalaciones; un trabajador murió, hay derrame de sustancias peligrosas al drenaje, se desaloja a la población cercana. Y no hay ningún funcionario o ejecutivo que oportunamente controle la situación.
Una tarde de domingo ocurre un accidente: una explosiónen las instalaciones; un trabajador murió, hay derrame de sustancias peligrosas al drenaje, se desaloja a la población cercana. Y no hay ningún funcionario o ejecutivo que oportunamente controle la situación.
Los medios de comunicación difundieron el incidente, pero la compañía no hizo ninguna declaración, incluso obstaculizó a quienes trataron de obtener información. El derrame provocó que los vecinos pidieran el cierre de las instalaciones, se pagaron cuantiosas indemnizaciones; el gobierno intervino para evitar el linchamiento de los ejecutivos que llegaron tarde al lugar.
Vino la movilización de grupos de afectados, la exigencia de cuantiosas indemnizaciones, la reputación de la institución es cuestionada, trabajadores esparcen rumores, no se cuenta con todos los permisos, organizaciones sociales y políticas aprovechan el incidente y el escándalo crece sin control, hasta que todo revienta.
La reputación de la institución fue cuestionada, los trabajadores sindicalizados esparcieron rumores de que no era la primera vez que esto sucedía, aunque antes se había podido ocultar. Se conoció que la empresa operaba sin los permisos correspondientes.
La competencia usó el escándalo como publicidad negativa, apuntaló al sindicato, movilizó organizaciones ecologistas y dio recursos para la defensa legal de los vecinos. El gobierno culpó a los ejecutivos, deslindándose de cualquier anomalía. La compañía se fue a la quiebra. El daño moral, económico y financiero aún perdura y la competencia controla del mercado.
Gobiernos hay caído por no saber manejar una crisis. Empresas poderosas como Enron, Goodyear, Exxon, Parmalat, han ido casi a la quiebra por la misma razón.
Lidiar con una crisis no es cualquier cosa, ya que nunca hay una igual a otra. puede ser virtual o real, surgir de un estado de emergencia o de un rumor, por molestia de la gente, mal servicio, accidentes, omisiones, falta de dinero, hasta por escándalos sexuales, una borrachera o un error humano.
Y a ello, muchas veces, hay que agregar la influencia de los medios de comunicación y de algún oportunista que quiera agravarla o prolongarla para sacarle provecho.
Cuando una crisis estalla es el momento de contratar a un especialista. Aunque, al igual que los seguros, lo más recomendable es prevenir los mayores riesgos posibles.
Gobiernos hay caído por no saber manejar una crisis. Empresas poderosas como Enron, Goodyear, Exxon, Parmalat, han ido casi a la quiebra por la misma razón.
Lidiar con una crisis no es cualquier cosa, ya que nunca hay una igual a otra. puede ser virtual o real, surgir de un estado de emergencia o de un rumor, por molestia de la gente, mal servicio, accidentes, omisiones, falta de dinero, hasta por escándalos sexuales, una borrachera o un error humano.
Y a ello, muchas veces, hay que agregar la influencia de los medios de comunicación y de algún oportunista que quiera agravarla o prolongarla para sacarle provecho.
Cuando una crisis estalla es el momento de contratar a un especialista. Aunque, al igual que los seguros, lo más recomendable es prevenir los mayores riesgos posibles.